¿ A dónde iría Polvorón?
Polvorón habitaba en el granillo pardo del bosque intra-terrestre, su cuerpo estaba formado de tierra abonada, y no llevaba prendas de vestir más que unas pequeñas raíces que le habían brotado a causa de que en su estómago almacenaba una pequeña habichuela, que un campesino abandonó en un ajetreado día de cosecha.
Polvorón solía reír por todo, pero esto le traía muchos problemas ya que su risa, hacía que se deshiciera poco a poco hasta quedar en polvo, su temperatura se elevaba tanto que quedaba árido y con cada risa caía desplomado, en cambio, cuando se ponía triste se humedecía tanto su corazón por dentro que brotaba agua en su interior y esto lo humedecía a todo su cuerpo.
Los gusanos eran sus amigos entrañables, cuando él caminaba por sus túneles, ellos lo sorprendían y se metían en su interior provocándole muchas cosquillas y ya se imaginarán lo que le ocurría.
Respiraba tierra, tomaba tierra, y se alimentaba de tierra, su plato favorito eran las tortillas polvorientas bañadas con piedras calizas. A pesar de que reía mucho, era muy temeroso, tenía mucho respeto al viento pues prefería resguardarse de los fuertes huracanes por miedo a ser transportado a otro hábitat, pues aquel lugar era su hogar y ya se había acostumbrado mucho a él.
El corazón de polvorón estaba hecho de la tierra más fina, y cuando alguien lo hería su corazón se humedecía, en estos casos exponía su pecho al sol, y al calentarse solo se sacudía y así limpiaba sus heridas. Sus pensamientos eran pequeñas motitas de barro que se trasladaban en su cabecita, los insectos que habitaban en su interior solían comerse pues decía que sabían a frambuesas, así que cuando quería razonar para decir algo y no podía era porque en ese momento los insectos que vivían dentro estaban en el almuerzo.
En las noches solía acomodarse en la guarida de las cucarachas pues decían que a ellas les gustaba mucho observar a la luna, así que siempre guardaban un pequeño espacio para Polvorón, y solían imaginar junto a él quien vivía en la luna.
Cierta noche Polvorón caminaba hacía su casa y sentía mucho frío pues estaban a la entrada del otoño y el viento cada vez se ponía más y más fuerte, en ese momento regresó a ver a la luna, y ella le sonrió, polvorón estalló de alegría y se desvaneció, el viento sopló y sopló y lo elevó hasta llevarlo a la luna.
Al llegar Polvorón se humedecía con sus lágrimas, veía tan pequeño a su mundo desde la luna que le resultaba inalcanzable volver allá. Pero al levantarse vió que a su alrededor se encontraban cientos de seres igual a él, y se sorprendió al ver que cada uno tenía un encargo, Polvorito, encendía las estrellas, Polvorote, observaba las constelaciones, Polvorenitonte, saltaba de monte en monte, y así, con una infinidad de Polvorones.
A Polvorón se le dio el encargo de limpiar a la luna antes de que desaparezca el sol, y lo hacía con mucho entusiasmo, pues sabía que todas las noches sus amigos allá en el bosque estarían sentados observando a la luna y preguntándose ¿ a dónde iría polvorón?
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